Acabar en una reunión de amigos hablando de la polémica del coño depilado no era que tuviésemos previsto, pero así fue como acabó la noche. Ayer quedé con unos amigos del instituto a los que hacía tiempo que no veía. Antes solíamos vernos más a menudo, pero el ritmo de vida que llevamos ahora cada uno es bastante diferente, ya sea por trabajo o por familia, y ha hecho que este tipo de encuentros sea menos frecuente. Sin embargo, conseguimos encontrar una fecha que nos venía bien a todos y quedamos para tomar unas cervezas y ponernos al día con las novedades de cada uno. Os aseguro que nunca antes habíamos hablado sobre la importancia de un coño depilado. En la vida.

Una vez que contamos todo lo que nos había pasado en la vida desde nuestro último encuentro, y todavía sin entrar en el asunto de la depilación del coño, empezaron a salir los temas recurrentes en este tipo de reuniones. Que si me encontré con fulanito y ya no tiene pelo (por motivos ajenos a la depilación, por supuesto), que me enterado de que fulanita ha dejado al marido y se ha puesto tetas, que eso se veía venir porque era la más guarra del instituto… vamos, que nos pusimos a “arreglar el mundo”.

Estando en una de esas, uno recordó el momento en que a fulanita en el viaje de fin de curso se le asomaban los pelos del coño por el bañador y fue lo que dio pie al debate.

con pelo

Empezamos a hablar de que si pelo sí o pelo no. Unos defendían que pelo sí. Estaban en contra del coño depilado.  Sus argumentos eran que era más natural y que, a la hora de follar, notar ese cosquilleo les ponía más cachondos. Matizaban, sin embargo, que tampoco les gustaba la “selva tropical”, que les gustaba recortado y arregladito, pero que tuvieran su “felpudito”. Los demás, entre los que me incluyo, nos mostrábamos a favor del coño depilado. Nos parecía más estético y, sobre todo, más higiénico. También pensábamos que ya no nos apetecía encontrarnos pelos en la boca después de haberle hecho una buena “comida” a nuestra chica. Ya nos comimos bastantes en el instituto.

Al final acabamos como acaban estas cosas, totalmente borrachos y, conociendo a nuestras mujeres, no creo que ninguno se levantara con “pelos en la lengua”.