Acabo de descubrir un aspecto en el que jamás en la vida hubiera reparado, si no me lo cuentan. De verdad. La relación entre el sexo y los pies. ¿Tienen algo que ver? ¿De verdad se fijan las tías en los pies? ¿Dentro de un encuentro basado en el sexo, alguien tiene en cuenta los pies?

Resulta que mi colega Fernando se va con los de trabajo a tomarla. Conocen a un grupito de tías y éste se enrolla con una. Acaban en el piso de ella, teniendo sexo, por supuest, y digamos… que la faena que hizo mi colega no fue como para dar la vuelta al ruedo, precisamente. La chica ni se cabreó ni nada. Pero le dejó claro que había sido la primera y la última. No iba a haber una segunda oportunidad.

– ¿Tan mal lo he hecho?, le dijo Fernando.

– Pues no. Tan mal, tan mal… no… No te preocupes, que no pasa nada… Pero no vamos repetir.

– Pero ¿por qué? Insistió el pobre hombre.

– Pues mira… porque aparte de que no hemos estado cómodos ninguno de los dos, tienes unos pies feísimos. No te molestes, por favor, pero es así.

Fer es un tío sanísimo y sin complejos de ningún tipo y el domingo pasado nos lo contó de muy buen rollo, tomando unas cañas. Por supuesto, hubo cachondeo con las chanclas, que si le olían los pies… que si tal.

Yo, reconozco que le miré con cara de “No me jodas que te has creído lo de los pies, Fer”. ¿El sexo y los pies están relacionados? Pero miré a mi chica, y mi chica asentía como corroborando la explicación. Y entonces me quedé mosca.

Cuando llegamos a casa saqué el tema… “No me jodas, el Fer… mira que creerse lo de los pies… jajajajaja”. Ella me miró con cara de “Pero qué listillo y qué gilipollas eres”. Se me cortó la risa en seco.

– ¿Es verdad que os fijáis en los pies?

– Pues claro que nos fijamos en los pies. Es más. Igual que tu has enviado el mensaje con la mirada a todos cuando ha entrado la morena chillona del escote (que te he visto), nosotras también nos enviamos mensajes cuando entran unas chanclas con unos pies bonitos. Si Fer no estuvo fino… no estuvo fino… Pero si encima tiene los pies que tiene… que se olvide de repetir… Está claro.

– Ah… Y… yo… ¿cómo tengo yo los pies?

– Anda, cariño, pon la mesa. Y déjate de esas tonterías a estas alturas.

 Así que he tirado las chanclas.