Los videojuegos son una forma de comunicación relativamente joven. La interactuación que producen entre individuos es indiscutible. En ellos se ven representadas de casi todas las capas de la sociedad. Sin embargo parece que determinados tabúes todavía no han sido superados en esta industria.

La prostitución está reflejada en el cine, la literatura, la música, el teatro y la televisión. ¿Por qué el hecho de que tome presencia en un videojuego ha generado tanta controversia?

Lupa es un videojuego para PC de los denominados indie, es decir, sin pretensiones comerciales. Este tipo de juego nace en los diferentes festivales donde tanto estudiantes como aficionados agudizan el ingenio en busca de una oportunidad en las grandes marcas del sector.

En Lupa, el jugador ha de atraer clientes, seducirles e, incluso, simular orgasmos. La cámara y el micrófono del ordenador se encargan de registrar los gestos y movimientos que conseguirán una mayor puntuación cuanto mayor realismo ofrezcan. Incluso hay que evitar ser sorprendidos por la policía o, si no es posible, ofrecer un soborno lo suficientemente jugoso como para que se olviden de lo ocurrido.

La originalidad de Lupa, por supuesto, está en su temática. A nivel gráfico, se trata de un videojuego muy simple, con un estilo en dos dimensiones similar a los juegos de hace veinte años. Sin nada destacable que añadir.

Como no podía ser de otra manera, ha habido reacciones de todo tipo. Desde algunos medios se han vertido elogios por la naturalidad con la que se ha integrado un tema tabú en esta industria pero presente en la sociedad. Los sectores más conservadores se han escandalizados por la temática y han acusado a sus creadores de fomentar la prostitución.

Los autores se desmarcan de unos y otros afirmando que Lupa no trata de ofender a nadie y que busca, simplemente, ofrecer una representación interactiva de ficción. También manifiestan su seguridad en que la industria del videojuego vaya madurando con el paso el tiempo hasta aceptar este tipo de temática de la misma manera que, por ejemplo, acepta la violencia extrema.