En todo el mundo existen programas para luchar contra las  enfermedades sexuales. Como ya comentamos en su día en la entrada de nuestro blog, “Las 8 enfermedades sexuales más frecuentes”, hay una serie de infecciones que merecen nuestra preocupación, debido a que casi todas son tremendamente contagiosas. Precisamente su virulencia consiste en su facilidad para extenderse y contagiarse de unos individuos a otros.

Los numerosos programas que luchan con las enfermedades sexuales tienen dos objetivos principales:

• Por una lado se trata de interrumpir la transmisión de la infección. Se trabaja sobre la persona afectada y se trata de que el agente infeccioso no siga propagándose. Para ello, se conciencia a las poblaciones en riesgo de que es fundamental acudir al médico tan pronto se detecten los primeros síntomas. Lo primero es conocer contra qué tipo de agente hay que lugar y activar los procolos del tratramiento. Lo segundo, lógicamente, es no establecer relaciones que puedan provocar el contagio y la propagación de la enfermedad hasta que el médico confirme la completa curación y el tratamiento médico se dé por terminado.

• La segunda preocupación es prevenir las enfermedades sexuales. Se trabaja sobre las personas que aún no sufren la infección. Tiene, por lo tanto, mucho que ver con la prevención. Se intenta concienciar a las poblaciones en riesgo de las consecuencias que tiene la propagación de este tipo de enfermedades y las complicaciones que entrañan para la salud. En este sentido es fundamental la promoción del uso del preservativo si se mantienen relaciones sexuales con personas desconocidas o con las que no hay ninguna confianza (parejas de una noche, personas de las que desconocemos sus hábitos sexuales…)

En último lugar, pero no menos importante, se trabaja muy intensamente en el aspecto social de las enfermedades sexuales. Uno de los problemas que surgen en estos casos es la respuesta de la sociedad ante situaciones de contagio por parte de algunos de sus individuos. A los afectados no se les puede discriminar por sus situación de infección. Se trata de apoyarles y recomendarles que acudan a un especialista que pueda ayudarles. En la mayoría de los casos, las enfermedades se curan, pero en cualquier caso, las infecciones son tratadas. Su no tratamiento en un individuo se convertirá en un problema para toda la población.