Shibari es el nombre que recibe la práctica japonesa del bondage y es mucho más refinada y erótica que el bondage occidental. Al contrario que este último, en el Shibari no se busca inmovilizar completamente o limitar los movimientos de la persona a la que se ata, sino que se busca el placer mediante la presión y tensión de la cuerda.

Sus orígenes se remontan al siglo XVI. El Shibari surge de una técnica militar llamada hojojutsu que consistía en una sutil y elaborada forma de  torturar a los prisioneros presionando con las cuerdas puntos de dolor o dificultando la respiración. Incluso los samuráis eran instruidos en estas técnicas para inmovilizar a sus enemigos (era una de sus 18 técnicas de lucha).

La habilidad de los japoneses para embellecer y convertir en un rito actividades cotidianas también se aplicó al hojojutsu. Los prisioneros empezaron a ser atados siguiendo complicados patrones que mostraban, el delito cometido, su clase social o el castigo que se les iba a aplicar. Sin embargo esta crueldad medieval pasó al refinamiento de forma gradual durante el siglo XIX, en especial  gracias al pintor Itoh Seiyu.

Itoh Seiyu tomó estas influencias y las combinó con sus propios juegos eróticos de dominación y sumisión, haciendo nacer el arte del Shibari. Los nervios, que antes eran presionados para que causaran un gran dolor, fueron sustituidos por zonas erógenas y empleó nudos que no se apretaban con el forcejeo para evitar los riesgos de cortes de circulación.

Dentro de Shibari existen dos conceptos: Shibari, que se refiere propiamente a la acción de atar y Kimbaku, que es el arte del encordamiento. En el Shibari es muy importante el efecto visual (en la tradición japonesa, el espectador es muy importante). Se busca una calidad estética entre los protagonistas implicados. Para aumentar el impacto psicológico se utilizan posiciones asimétricas así como situar los nudos sobre puntos estratégicos considerados como puntos energéticos, que además producen un efecto masaje. De este modo surge entre el sumiso y el dominante una relación erótica que puede durar horas.

En general, su práctica se realiza con cuerdas de yute o arroz, de unos siete metros de largo, debido a su rugosidad, pero también se usan cuerdas de nylon o de algodón.