Después de haber visto algunas características en “Tríos. ¿Alternativa a la rutina de pareja?” y “Tríos. ¿Qué hacer si tu pareja te lo propone?”, seguimos con la tercera parte de estos posts en los que estamos tratando de arrojar un poco de luz sobre una práctica que cada día es más habitual dentro de las relaciones de pareja. El trío.

Hoy veremos el resto de formas que hay de llegar a un trío:

– Tú se lo pides a tu pareja.

Como en el caso que vimos ayer, lo más importante es estar los dos de acuerdo y convencidos de lo que vais a hacer. Es posible que a tu pareja le encante la idea o que no quiera probarlo de ningún modo. En ninguno de los casos hay que plantearse cuáles pueden ser lo motivos de esa decisión. Podríamos caer en la tentación de pensar que un hombre no quiere hacer un trío, aunque la propuesta venga con una chica con un cuerpo 10, por miedo a no dar la talla con las dos; pensar que una mujer no quiera participar en el juego porque pueda tener miedo a que aflore su lado lésbico al hacerlo con otra chica… o cualquier otra idea similar que se nos pueda ocurrir. Si nuestra pareja no muestra ningún interés por hacerlo o no está plenamente convencida es mejor desechar la idea, tirar de imaginación y buscar otro juego.

 – Eres el invitad@.

Si te gustan las emociones fuertes y tu mente está abierta a otro tipo de prácticas sexuales, puedes ser la tercera parte de un trío. En general, esto suele hacerse con amigos. Una pareja conocida es la que te lo propone y, a ti, la idea te agrada. Entonces debes planteártelo seriamente. Si bien se presenta como una propuesta muy atractiva y excitante, no debes tomarlo a la ligera y debes tener en cuenta que puede acarrear consecuencias. Lo que debes tener muy claro es que esto es sólo sexo. Vais a pasar un rato muy agradable los tres, pero nada más. No te deberías involucrar sentimentalmente en ningún caso. Esto también sirve en el caso de que los tres seáis solteros. Involucrar sentimientos hace que la balanza se desnivele y alguien pueda resultar dañado.