Hay algunas cosas relativas al sexo que a los chicos nos preocupan y que no nos gustan ni comentarlas ni que nos las comenten.

Estar siempre perfectos

Si fuera cada día el verano, nos gustaría menos tomar baños de sol. Esto marcha también con los pasteles, con su madre y con el body de encaje. Todo lo que es bueno tiene que consumirse con comedimiento, o corremos el riesgo de acostumbranos. Por eso, nosotros no siempre tenemos por qué dar un 10 en todos los momentos. Si andamos con esa presión, sólo conseguiremos frustrarnos a nosotros mismos y que el resultado sea pero aún.

Rechazar algo por principio

Si hay un lugar y un momento en el que se pueden mandar a paseo nuestras ideas preconcebidas, es en los brazos de nuestra pareja. Hay que evolucionar, las situaciones también, las ganas también, los gustos se desarrollan. Cosas que no nos apetecían hace mucho tiempo, puede que ahora nos gusten. Puede que quizás no nos gustaran con otra persona, pero que con nuestras pareja actual nos parezcan excitantes. Esa tensión que se crea cuando uno quiere y el otro se cierra no es buena. Quitémosle presión a la cosa. Vamos a redescubrir cosas juntos. Y si no nos gusta… lo dejamos. Pero le digas no desde el principio.

Que nos metan presión sobre la frecuencia sexual

La buena rutina, es la que nos va a los dos. Y en cualquier caso, si lo que queremos es establecer una media, hagámosla contando los últimos 10 años. Estaremos contando con la locura de los primeros año, la tregua, la ternura, compensaremos las semanas de mucho trabajo con las vacaciones relajadas, los meses en los que parece que estamos en celo, con los meses en los que parece que estamos ivernando y sólo queremos un abrazo y dormir… Tengamos en cuenta todo eso… y seamos justos con nosotros mismos. Y no metamos presión. La presión bien entendida puede funcionar para según qué trabajos. Pero el sexo con presión no funciona.

Que nos metan presión con la duración

A ver… todo en su justa medida, como siempre. Pero no hagamos de esto unas Olimpiadas. Pues cada cosa en su momento. A veces nos apetece empezar despacito, con unos prolegómenos que se alarguen y nos los tomemos a sorbitos lentos y degustados, como una botella de vino frente a la chimenea. Pero no siempre tiene que ser así. Hay otra veces en que apetece una cerveza fría de un trago o un chupito de tequila con limón y sal. Rápido, intenso… espectacular.