Cuando éramos adolescente, era la ley de los padres la que se encargaba de frustrar nuestras ansias sexuales. Más tarde, son las reglas establecidas. Tan pronto como nos acostumbramos al sexo, el deseo peligra. En el extremo, algunas chicas se confiesan incapaces de desear cuando aman y desean sólo, pero sin amor.

Según algunos testimonios, como el de Melisa de 42 años, “Es un problema. Tan pronto como me enamoro, desaparece la libido. Y por otro lado, puedo tener crisis de deseo salvaje hacia hombres que, incluso físicamente, no son mi tipo. Pienso que hay algo que me choqua en esta atracción. Hay algo inconfesable, que me inspira.”

Para algunos, sería un sueño resolver el problema. De un lado, nos gustaría tener una relación de paz y durante mucho tiempo. Del otro, desearíamos relaciones sin estados que impliquen al alma y sin tregua. Es un poco loco. Todas las estratagemas que cada uno elabora, sin saberlo van encaminadas a prolongar lo efímero. “Sueño con un mundo donde los maridos no sean maridos”, decía otra chica. “Donde se pueda tener sexo anónimo en un hotel, a medianoche, en un inmenso secreto. “Donde el éxito de las estas <infidelidades> se plasmen en todo género de manuales para sazonar con guindilla su vida

Pero hay otros testimonios que incluso van más allá. Hay chicas que han sufrido rupturas en su vida de pareja y son categóricas: “Es patético que estés obligada a irte a comprar ligueros sugerentes y que te tengas que inventar estúpidos guiones con el fin de reanimar un poco la vida sexual. Al principio todo se incendiaba espontáneamente. El deseo es un regalo: en cuanto se abre ya no vale para nada intentar rehacer el paquete.”

Cuanto más banalizamos y desacralizamos el sexo, más transgresivo es. Siempre podemos hablar de todo ello y pegarlo sobre las paredes y aunque no estamos en el siglo XIX, las dificultades que se nos presentan son prácticamente las mismas. El misterio del deseo está intacto y cada uno, sin saberlo él, hace lo que está en su mano para preservarlo. Esto prueba que el humano goza de buena de salud.