Mucho tiempo condenadas por la moral religiosa y el rechazo social, las prácticas homosexuales sufrieron la agobiante incomprensión de la sociedad.

REPRESIÓN Y CASTIGO

Incluso en nuestras sociedades modernas, hubo períodos en los que no era grato ser homosexual. En Francia, cuna del liberalismos moral y paradigma de las libertades, el régimen de Vichy  retomó una pena que iba de 6 meses a 3 años de encarcelamiento por causa de homosexualidad: centenares de homosexuales fueron entregados así a la Gestapo y deportados en campos de concentración. En 1960, La ley consideraba a la homosexualidad «una plaga social» con el mismo título que el alcoholismo o la prostitución. En 1968, la Organización Mundial de la Salud la clasifica al mismo nivel que las enfermedades mentales. Habrá que esperar a 1982 para que esta diferencia de orientación sexual sea despenalizada por fin, y a 1992 para que sea desclasificada a nivel médico.

En España, el franquismo negó su libertad y persiguió a los homosexuales al mismo nivel que a cualquier delincuente.

LA EDAD DE ORO DE LA HOMOSEXUALIDAD

En la Antigüedad griega, los homosexuales gozaban de otra reputación. En aquella época, los griegos eran espontáneamente bisexuales. Incluso, las relaciones homosexuales formaban parte de un ritual de paso hacia la edad adulta. Durante la época de los romanos, la homosexualidad era más compleja pero también formaba parte integrante de la vida de cada hombre. Los hombres libres debían de ser «Activos» en estas prácticas de la vida cotidiana, y mantenían relaciones sexuales con sus esclavos.

UN MEJOR CONOCIMIENTO DEL CUERPO

Contrariamente a las ideas preconcebidas y recibidas, las prácticas homosexuales no difieren en mucho de las relaciones heterosexuales. El coito desde luego no es el centro de la sesión. Los compañeros le dan una importancia especialmente particular a las caricias y a las estimulaciones mutuas. El excelente conocimiento del cuerpo de su compañero y de sus zonas erógenas permiten caricias de una dulzura y de una sensualidad qué no se encuentra siempre en las parejas heterosexuales, o al menos no al mismo nivel.

En cuanto a la cuestión de la fidelidad, sí parece que los hombres continúan fijando una ligera preferencia por la autonomía y la libertad en sus relaciones.

PENETRACIÓN Y FELACIÓN

La penetración no está considerada como un fin en sí mismo en las relaciones homosexuales. Entre los hombres, y contrariamente a las ideas recibidas, el recurso de la penetración anal no es sistemático. Sólo el 36 % de los gays reconocen practicar la sodomía con su compañero. Sin embargo, la felación mutua es una práctica ineludible en las relaciones homosexuales.