El primer paso para mejorar nuestra vida sexual es conocerse bien. Debemos saber cómo funciona nuestro cuerpo y nuestro cerebro cuando estamos manteniendo relaciones sexuales. Y esto es especialmente importante cuando se trata de controlar la eyaculación.

La “inminencia eyaculatoria” es el momento en el uno siente que va a eyacular, pero donde todavía es posible evitarlo. El esperma estaría en un punto en el que podría ir a la vejiga o salir al exterior a través de la uretra. Son unos breves segundos que muchas veces resultan muy difíciles de determinar, por eso es muy importante conocer esa sensación para, llegado ese momento, aplicar técnicas que retarden la eyaculación.

Una de las técnicas más conocidas popularmente es la de pensar en algo que no nos produzca ninguna placer para, de este modo, conseguir rebajar nuestro nivel de excitación y “durar más”. Sin embargo, este método resulta ineficaz y poco recomendable.

Otra técnica, es la conocida como parada-arranque. Se trata de, cuando sintamos que ha llegado momento de la inminencia eyaculatoria, parar la estimulación durante unos segundos. Según vayamos dominando la técnica, no será necesario tener que parar sino que bastará con disminuir el ritmo. En cualquier caso, para poder controlar la eyaculación necesitamos:

– Controlar la ansiedad. Es importante no practicar sexo en un estado de ansiedad y hacerlo relajados y controlando la respiración. Existen diferentes técnicas que nos pueden ayudar. Con la práctica conseguiremos estar a la vez relajados y pendientes de nuestra excitación sin llegar a perder la concentración.

– Fortalecer los músculos pélvicos. En muchos casos, no podemos controlar la eyaculación porque nuestros músculos pélvicos se encuentran debilitados. Hay personas que lo padecen debido a la edad o por haber sido sometidos a operaciones de próstata y suele tener otros síntomas como la incontinencia urinaria. Hacer ejercicios para fortalecer estos músculos, nos ayudará a controlar nuestra eyaculación.

– Cambiar de postura. Descubre cuales son las posturas que más te excitan y las que menos y empieza a controlar la eyaculación en estas últimas para ir, poco a poco, subiendo el nivel de excitación.

– Usar preservativos o lubricantes retardantes. Suelen contener algún anestésico que ayudan retrasar la eyaculación, pero es importante no abusar de ellos, ya que, podemos conseguir perder la erección.

– Uso de medicación. Sólo es recomendable cuando las causas son físicas y como apoyo a una terapia sexual, ya que, ayudan a recuperar la confianza y el deseo sexual. En caso contrario, nos acostumbraremos a las pastillas y, una vez terminado el tratamiento, el problema volverá a aparecer.