Errores en los mitos sexuales masculinos

Hoy voy a hablar sobre algunos mitos sexuales masculinos. Sobre algunas creencias que, en general, se dan por ciertas… pero que no lo son. La sexualidad es uno de los mejores caldos de cultivo para las invenciones populares. Muchas de ellas han venido pasando de generación en generación y se han instalado en nuestro día a día para convertirse en nuestros mitos sexuales masculinos erróneos.

¿El tamaño del pene importa?

Este es uno de los mitos más extendidos. Tener un pene grande, a la hora de satisfacer sexualmente a una mujer, es tan importante como ser guapo, rico o ambas cosas. A nivel psicológico puede ayudar en algunos casos. A nivel físico NO. Un pene excesivamente grande puede resultar un problema. Puede, incluso, llegar a golpear el fondo de la vagina produciendo dolor en las estructuras internas de la pelvis. La longitud del pene NO es importante para satisfacer sexualmente a una mujer. El tamaño NO importa. Las terminaciones nerviosas de la vagina se acumulan en el primer tercio de la misma. Toda la sensibilidad de la vagina está en la entrada.

¿Los hombres siempre están listos para el sexo?

Otro mito con el que nos encontramos frecuentemente. Los hombres no siempre están listos para mantener relaciones sexuales. Un hombre, aunque a veces no lo parezca, es también una persona. Factores como el cansancio, el estrés o el aburrimiento, también le afectan. Aunque, estadísticamente, los hombres tengan la libido por encima de la de las mujeres, también ellos necesitan de unas condiciones mínimas para ser receptivos al sexo. Los mecanismos de excitación de una mujer son más complejos,… menos primarios. Sin embargo, aunque primarios, los hombres también tienen los suyos. Aunque a menudo no lo acepten, los hombres no son máquinas.

¿Los hombres no tienen punto G ?

El punto G no es ningún mito. El punto G, tanto en el hombre como en la mujer, es un lugar con una sensibilidad diferente y que, siendo estimulada, despierta sensaciones de placer que llevan al orgasmo. En el caso del hombre, el punto G se sitúa entre la parte posterior de la próstata y la porción bulbar del pene. Sólo se puede tener acceso al punto G masculino a través del esfínter anal. La ignorancia y la estúpida asociación que, algunos varones, realizan entre la estimulación anal y la homosexualidad genera prejuicios a la hora de hablar abiertamente de esta práctica. Sin embargo, la estimulación del punto G en los varones es una de las sensaciones más placenteras para los que lo han probado.