Hay multitud de escenas porno que nos llevaríamos a la cama

Los videos porno forman parte de la vida sexual de muchas personas. En ellos hay cosas que nos resulta especialmente estimulantes. Las que más suelen llamar nuestra atención tiene que ver, precisamente, con aquellas cosas que no forman parte de nuestra vida sexual habitual. Aunque sabemos que no son reales, todos hemos fantaseado alguna vez con llevarnos alguna de las escenas más comprometidas del cine porno a nuestra cama.

Sin duda, una de las cosas que más estimula al espectador de porno es la doble penetración. 1 de cada 5 películas porno contiene una escena de doble penetración. En la cultura pornográfica resulta algo habitual. Pero en realidad, solo un 3 por ciento de hombres y 1 por ciento de mujeres han realizado esta práctica.

Otro de los aspectos más valorados del cine pornográfico son los gemidos constantes. Desde el primer roce, la actriz porno comienza a lanzar sus gemidos más sexys. El gemido es una interpretación inconsciente que tiene lugar cuando existe un nivel muy alto de excitación y deseo sexual. Eso puede suceder a finales de los preliminares, durante la estimulación del clítoris o durante la penetración pero, desde luego, en la vida real, no se trata de algo constante.

Otra de las escenas típicas de la industria pornográfica que se recogen con júbilo entre los varones son las eyaculaciones faciales. No hay una película porno en la que no haya varias. El mundo real, una vez más, no es tan generoso. El 80 por ciento de las mujeres se niegan tajantemente a poner su cara para recoger el esperma de una o varias personas

La erección permanente de cada uno de los actores que participan en cada escena de una película porno es otra de las cuestiones más envidiadas por los hombres en general. Como todos sabemos, tampoco se trata de algo real. La erección es la respuesta final a un estado de excitación progresivo y necesita un tiempo y un clima para activarse. Tras haber eyaculado, es preciso un periodo de recuperación para volver a comenzar el proceso. Este tiempo es variable y depende de factores como la edad, la alimentación o la actividad  física que practique la persona en cuestión.