Cibersexo

Una de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías es el cibersexo.  Se trata de una forma de sexo virtual entre, al menos, dos personas que, conectadas, fundamentalmente a través de internet pero podría ser por otro tipo de red informática, se envían diferentes mensajes de texto describiendo de forma explícita situaciones con alto contenido sexual. También se pueden adjuntar fotos e, incluso, vídeos. El objetivo del cibersexo no es otro que conseguir un estímulo sexual tanto propio como de los compañeros de juegos. El límite de este tipo de juegos sólo está en la fantasía y en la capacidad imaginativa de los participantes.

 

El cibersexo suele ser un estímulo previo a la masturbación. También hay casos en los que, durante el propio encuentro, los participantes se masturban. La masturbación por webcam también es bastante frecuente entre los aficionados al cibersexo.

Por supuesto, en el cibersexo no hay encuentro físico. Sin embargo, es frecuente que parejas, e incluso grupos más numerosos, que han compartido algunos encuentros sexuales de este tipo terminen completando su experiencia con encuentros sexuales presenciales.

Por supuesto, desde un punto de vista de salud física, el cibersexo es una forma de mantener relaciones sexuales de las denominadas seguras. El riesgo de contraer o transmitir enfermedades de transmisión sexual es nulo, así como de tener un embarazo no deseado. Otra de las ventajas del cibersexo es que permite a parejas reales que, por cualquier motivo, deben separarse durante algún tiempo, mantener algún tipo de relación sexual a distancia. El cibersexo, sobre todo, es un buen ejercicio para la fantasía y la imaginación.

 

Los problemas vienen cuando se habla de si el cibersexo se debe considerar como una forma de infidelidad o no. Los favorables a esta opinión sostienen que, pese a no haber contacto físico, sí que existe un intercambio de fuertes emociones sexuales que deberían estar acotadas a la relación de pareja. Por el contrario, existen otras voces que afirman que no se trata más que de un juego inocente, en ocasiones anónimo, y que tiene el mismo valor que, por ejemplo, el consumo de pornografía. Como en todo, hay opiniones para todos los gustos.