El vello púbico cumple varias funciones

El vello púbico está de moda. En realidad, lo que se ha de moda son las miles de formas diferentes en que se puede cortar. Hasta hace no tanto, los cánones de la moda hacían que los pubis más velludos fuesen los más cotizados. El vello púbico abundante era bonito. Los considerados más hermosos. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, todo esto ha cambiado sensiblemente. Ahora, cuanto menos pelo, más considerado un pubis femenino. De hecho, lo más erótico en la , para la mayoría de los hombres, es un publis totalmente rasurado. Sin un solo pelo.

Sin embargo, el vello púbico no está en el cuerpo humano porque sí. Su presencia no es gratuita. Son varias las funciones que cumple y todas son fundamentales para la salud o para la supervivencia de la especie. Cualquiera que decida rasurar su vello púbico, por supuesto, está en su derecho de hacerlo, pero no estaría nada mal que entendiese qué se está perdiendo.

En primer lugar, el vello púbico se encarga de detener la marcha de las feromonas producidas. El vello impide que se pierdan. El estímulo sexual que despiertan las feromonas es conocido y su retención imprescindible para provocar el deseo en el sexo contrario. Sin vello púbico las feromonas no tienen donde protegerse.

Su segunda función tiene que ver con la salud. El intercambio sexual, como todos sabemos, supone roces y fricciones en zonas especialmente delicadas. El contoneo propio del acto sexual con el peso de otra persona encima puede ser algo muy agresivo para una zona con tantas terminaciones nerviosas. La presencia de vello púbico evita irritaciones en el pubis.

La tercera función también, de nuevo,  vuelve a tener relación con la salud. El vello púbico se encarga, al igual que los pelos de la nariz, de impedir el acceso de determinadas bacterias a zonas más delicadas. La vagina queda a salvo de parásitos, protozoos u hongos que acechan en cualquier lugar.

Algunas otras funciones son más propias de una época en la que andábamos por ahí correteando desnudos, pero, en ese momento, resultaban imprescindibles para la supervivencia de la especie. La aportación de calor a zonas sensibles o el hecho de que indiquen el grado de madurez sexual de su propietaria son otras de las funciones que, en su momento, contribuyeron a perpetuar la especie.