Las tetas grandes nos acercan a la unanimidad

Si hay algo que une a todos los hombres del mundo, al margen de las ideas poéticas, las creencias religiosas o el equipo de fútbol, es la pasión por las tetas grandes. Las tetas grandes nos gustan a todos los hombres. Esto es así. Puede que los orígenes de esta pasión por las tetas grandes esté en la vuelta a la lactancia, a la unión con la madre o pude que se trate de otros motivos menos freudianos, pero la pasión por las tetas grandes es un hecho incuestionable.

Las tetas de una mujer siempre resultan acogedoras. No hay nada como recogerse en ellas para refugiarnos de las amenazas que nos acechan fuera de ellas. Pero si en vez de recogernos en unas tetas nos podemos recoger en unas tetas grandes, la cosa ya se vuelve sublime. No existe en el mundo nada para crecer en autoestima, para llenarse de vitalidad, como reposar la cabeza en unas tetas enormes.

Puede que el secreto de la atracción que todos los hombres sentimos por los pechos de una mujer resida en que es el órgano sexual más fácilmente accesible. La vagina está escondida y puede requerir de cierta colaboración para acceder a ellas. En cambio, la visión de unas tetas está al alcance de cualquiera. Aunque estén cubiertas, las tetas de una mujer siempre dejan testimonio de su presencia y si, además, el tamaño es desproporcionado, el placer que produce su visión, y no digamos ya su tacto, puede llegar a alcanzar valores orgásmicos.

Es posible que las tetas cumplan con una misión en el ciclo biológico y que su prominencia juegue el mismo papel que el pelaje en algunos animales o el colorido en las plantas, atraer la fecundación para procrear y, así, garantizar la supervivencia de la especie. Sin embargo, es divicil plantearse cuestiones de este nivel cuando ante nuestra vista se izan unas redondas y enormes tetas.

La sabiduría popular llena nuestro refranero de una cantidad ingente de dichos acerca de la voluptuosidad de los pechos de las mujeres y sobre los criterios de elección que un varón suele tener presentes cuando la oportunidad se planta ante uno con la intención de ponernos en un aprieto.