Las fantasías sexuales como terapia

Hasta hace no mucho, las fantasías sexuales habían resultado tabú en las sociedades más mojigatas. Lamentablemente, la muestra no se libraba. Sin embargo, lejos de mantenerse, esta situación ha cambiado por completo. El rol que ocupa actualmente es muy diferente. La falta de deseo sexual recurrente es un problema muy serio que afecta al 28% de la población femenina española. Las recomendaciones médicas para comenzar a solucionar el problema pasan por las fantasías sexuales. Es curioso como, en poco tiempo, algo pasa de ser un tabú a ser una terapia efectiva contra un problema de salud.

Lo bueno de las fantasías sexuales es que son gratis, fáciles de construir, no necesitamos a nadie para elaborarlas, son personalizables por completo y, por si esto fuera poco, sólo es necesario compartirías con quien nosotros queramos, siempre que queramos compartirlas con alguien. Ya resultan importantes como activador de nuestra vida sexual pero si, además, a sus muchas características positivas añadimos que pueden ser la mejor terapia contra la falta de libido, estamos hablando de algo casi milagroso.

El XII Congreso de la Sociedad Española de Contracepción, celebrado el pasado mes de marzo en el palacio del Kursaal de San Sebastián, reunió a más de un millar de expertos en sexología nacionales e internacionales. Uno de los asuntos expuestos y tratados en profundidad fue la ciencia del deseo y todo los asuntos que se relacionan con ella. El manejo de las fantasías sexuales según las necesidades puede ser el estímulo que active definitivamente la libido cuando existen problemas con ella. Al menos esa es la respuesta que los expertos manejaron como conclusión final.

Las fantasías sexuales recurrentes se pueden tomar como un entrenamiento personal para recuperar el deseo, en caso de haberlo perdido, o para activarlo en caso de que esté algo dormido. Sin embargo, parece que poner en marcha las fantasías sexuales, es decir, hacerlas realidad, se trata de un asunto más complejo que sí que podría afectar negativamente a quien lo hiciere. Los expertos, de momento, limitan la terapia al hecho de fantasear con situaciones concretas  y no con el hecho de someterse a la presión que su consecución supone.