El amor es física y química

¿Quién no ha sido víctima del amor? Es más que probable que tú que estás leyendo hayas pasado por alguna circunstancia amorosa de esas que nos mantienen agotados, tirados durante días sin apetito, sin ganas de trabajar, durmiendo poco y sensación constante de agotamiento físico. Al cansancio físico le añadimos una buena dosis de tortura psicológica que podemos aderezar, por ejemplo, con la música que escuchábamos juntos cuando todo estaba bien. El amor, o más bien su ausencia, hace que la vida haya perdido su sentido.

Nada de esto es explicable si no fuese por el evidente poso masoquista que cada persona, especialmente el enamorado, lleva dentro de sí mismo y que nos lleva por estos caminos de pesadumbre y autotortura que, en realidad, lo que hacen es darnos la sensación de que nos sentimos vivos, aunque nuestra circunstancias aparenten que ningún estímulo nos puede sacar del pozo.

Quizás, algún día la tecnología avance lo suficiente como para borrar de la memoria del amante frustrado todos los recuerdos que le unen a su extinta relación y continuar el camino sin dolor y como si nada hubiese pasado. Mientras esto llega, tendremos que seguir acostumbrándonos a vivir con los escombros que el amor deja tras su paso.

Sin embargo, contra todo lo que hemos creído durante todo este tiempo, el amor no es más que química. La serotonina tiene la función de controlar los impulsos y los comportamientos obsesivos. La dopanina es un   neurotransmisor que se encara de generar sensaciones de placer y refuerza las actividades que asociamos con el placer. La noradrenalina se encarga de controlar la euforia y la vigilia.

El amor, o mejor dicho, todas las sensaciones y estados de ánimo que nos genera, está relacionado con estas sustancias químicas y con otras que se encargan de controlar sensaciones similares. Son los niveles de cada una de las sustancias químicas las que nos hacen sentir eufóricos o deprimidos. Las que nos generan impulsos sexuales repentinos o nos calman el ánimo de forma preocupante.

Al final, la respuesta física a la actividad química de nuestro organismo es la que se encarga de todas las sensaciones de lo que llamamos amor. Al final, como dijo Severo Ochoa, «el amor es física y química»