Coito

El coito es el más antiguo de los divertimentos sexuales practicados por el hombre. La práctica es primaria, sencilla y gratificante como pocas. Consiste en que el varón introduzca su pene  erecto en la vagina lubricada de su pareja y, una vez dentro, realizar rítmicos movimientos  hacia atrás y adelante que permitan la intensificación progresiva del placer hasta que ambas partes lleguen al orgasmo. El coito es sencillo y primario pero es difícil encontrar una forma de ocio más interesante.

La función primaria del coito es la concepción de hijos. la pervivencia de la especie. El espermatozoide del hombre se reunirá con el óvulo femenino, con suerte lo fecundará y de ahí, si todo va bien, en unas cuantas semanas comenzará una nueva vida. Sin embargo el coito también es parte de la sexualidad humana y debe ser utilizada también para la satisfacción mutua de los parto¡incitantes. Afortunadamente, tenemos a nuestra disposición multitud de métodos que  se encargan de no preocuparse de la concepción más que cuando queramos hacerlo y, de esta manera, disfrutar del sexo en toda su amplitud y no sólo en lo que tiene relación con la descendencia.

El control de la eyaculación del varón es fundamental para que el coito sea plenamente satisfactorio para ambas partes. Por lo general, la mujer necesita algo más de tiempo para llegar al orgasmo que el varón. Si el hombre es capaz de conocer su cuerpo lo suficiente como para controlar la eyaculación y llegar a ella una vez se ha producido la de su compañera de juegos, todo será más placentero para ambos. Cuando esto no es posible siempre hay técnicas manuales o vocales que, bien utilizadas, complementan cualquier trabajo sin finalizar.

La imaginación a la hora de realizar el coito es fundamental para hacer que la experiencia sea aún más gratificante. El límite del coito y, por supuesto, de la sexualidad está, únicamente, en aquello que nuestra imaginación nos permita llegar a concebir. La clave para que la monotonía no se imponga en nuestra vida sexual es dejar que sean nuestra imaginación y la de nuestra compañera de juegos las que pongan los límites.