La masturbación y sus posibilidades

Parece increíble que la masturbación, a estas alturas de la Historia y después de todo lo que ha tocada pasar, aún se cuestione por determinados sectores. aunque sean muy minoritarios. Y especialmente vilipendiada es la masturbación femenina. De hecho, se considera extraño que un joven varón no se masturbe pero no si es en una joven fémina. Afortunadamente esta fobia está limitada a sectores completamente retrógrados de la sociedad y, en su amplia mayoría, es aceptada con absoluta naturalidad, como no puede ser de otra manera.

Un aspecto que siempre ha llamado la atención de la masturbación masculina frente a la femenina es la utilización de la misma como instrumento para competir. De jóvenes todos hemos jugado o hemos oído hablar, al menos, de competiciones entre chicos para ver quién eyacula primero o quién es aquél que llega más lejos con el semen al expulsarlo. Entre mujeres, sin embargo no existen estos competitivos juegos, probablemente por la diferencia de carácter que hay entre uno y otro sexo.

La masturbación es tanto más placentera cuanto mayor grado de conocimiento tenemos de nuestro propio cuerpo. En realidad, contra lo que algunos piensan, no se trata de una cuestión exclusivamente mecánica y repetitiva sin más. Muy al contrario, cuanto mayor sea la gama de matices que introduzcamos en la masturbación mayor cantidad de sensaciones diferentes seremos capaces de disfrutar.

Además del conocimiento de nuestro propio cuerpo conviene hacer una reflexión sobre nuestras preferencias a la hora de ser estimulados. La suma del conocimiento del cuerpo con haberse planteado la forma de buscar los estímulos que más nos hacen sentir suele ser una garantía de éxito si entendemos como éxito conseguir el mayor placer sexual posible y no llegar al orgasmo sin más.

Una forma estupenda de practicar la masturbación es compartiéndola con otra persona, siempre de acuerdo a nuestras preferencias sexuales. Maturbar a otro u otra mientras él o ella nos lo hace a nosotros es algo fantástico aunque, para que la sensación sea lo mejor posible, resulta imprescindible sacar a pasear toda la asertividad que seamos capaces de mostrar. ponernos en la situación de la otra persona para que sus sensaciones sean lo más placenteras posibles.