El temido gatillazo

Lo queramos o no, los hombres hemos de convivir con el temido gatillazo. No queda otra. Antes o después sucede. Ningún momento es bueno para que esto suceda pero cada vez que sucede es el peor de los momentos posibles. Una nueva conquista sexual, una reconciliación con tu pareja después de días de enfrentamientos, una ocasión única en una discoteca y ¡zas! Ahí está el temido gatillo dejándonos en evidencia.

Un gatillazo, además de un cruel castigo para nuestra autoestima, es un momento en el cual, sin previo aviso y sin ningún motivo aparente, en medio del acto sexual, de forma abrupta se pierde el viro sexual. Vamos, que, de golpe, se termina la erección. Todos se quedan a medias. nadie sale beneficiado con esto. Ella se queda a medias. Conviene recordar que hay fórmulas para que ella pueda terminar. Y nosotros también nos quedamos a medias. Lo nuestro es más difícil. Por mucho que uno se empeñe, por mucho que nuestra pareja sexual colabore, cuando sucede set, no hay nada que hacer.

Un gatillazo es una broma que la naturaleza, de vez en cuando, le gasta al hombre para que no se lo crea demasiado. No es cuestión de edad, de color de piel, de clase social ni de credo religioso. Esta temida situación le sucede a cualquiera. De hecho, a todos los hombres les sucede, al menos, una vez en la vida.

Lo habitual es que sean totalmente esporádicos y no tengan ninguna importancia desde el punto de vista de la salud. Sin embargo si se repitiesen frecuentemente no estaríamos ante un gatillo si no ante un problema de salud sexual mucho más serio que debería ser valorado, a la mayor brevedad, por un medico especializado en salud sexual.

Cuestiones como la ansiedad, el nerviosismo o las expectativas demasiado altas en el encuentro sexual pueden ser los responsables, en algunos casos, del temido gatillazo. Llevar una vida ordenada, tener una alimentación sana y no ingerir demasiadas grasas saturadas ni alcohol son una buena terapia preventiva contra el temido gatillazo.