La fantasía de la violación

La violación es una de las mayores barbaridades que el género humano ha puesto en práctica. El rechazo que tenemos desde aquí hacia ella no puede ser mayor. sencillamente es algo completamente despreciable. Algunas de las fantasías femeninas más habituales, y que no tenemos ningún pudor en confesar a nuestras amigas o a nuestra pareja, son hacer el amor con otra mujer, con un desconocido, con muchos hombres o en lugares insólitos. Sin embargo, existen otro tipo de fantasías que son menos confesables. Una de estas fantasías es la de ser víctima de una violación. Si comentamos con alguien este tipo de fantasía podemos encontrar una gran incomprensión o incluso desprecio o rechazo y nos puede llegar a provocar un sentimiento de vergüenza y de culpabilidad.

¿Cómo es posible que deseemos que nos ocurra algo tan terrible y que sufren miles de mujeres cada año? Antes de agobiarnos por estos pensamientos debemos entender que la imaginación erótica es muy compleja y que hay que saber distinguir la fantasía de la realidad. No porque imaginemos algo, vamos a tener que hacerlo (en ese caso, la mayoría de los jefes habrían pasado ya a mejor vida). Las fantasías sexuales surgen muchas veces de forma inconsciente y no las podemos controlar. En esta caso, la violación no es más que eso, una fantasía sexual que nunca cumpliremos. No podemos por tanto clasificarlas como buenas o malas, debemos aprender a interpretarlas para saber por qué las ha generado nuestro inconsciente y de este modo, actuar en consecuencia.

Aunque en nuestra mente esta escena aparezca de modo muy erótico, ya que excluimos el trauma y la violencia de una violación real, pensar que esto pueda llegar a suceder realmente nos produce verdadero pánico. ¿Cómo se explica entonces que podamos tener  este tipo de fantasías? Los psicólogos, psicoanalistas y más expertos que han estudiado este tema, han determinado que puede ser debido a alguna de estas dos causas:

– Por sentirse irresistible. Dentro de su imaginación, una mujer puede sentirse tan deseable que los hombres no puedan controlar el deseo de estar con ella y el único modo que tienen de mantener relaciones sexuales con ella es forzándola.

– Como un modo de redimirse. Muchas veces el desarrollo de nuestra sexualidad (por motivos culturales, religiosos o de educación) está acompañado de un sentimiento de culpabilidad. Si nos ponemos en el lugar de la víctima de una relación sexual forzada, nos liberamos de esa culpabilidad que nos supone sentir placer. Es un modo de convencernos de que estamos sintiendo placer, pero no por voluntad propia.