En una relación en la que el sexo ya no es una aventura, corremos el riesgo de que la aventura se produzca fuera de la pareja. Cuando se lleva cierto tiempo haciendo el amor con la misma persona y, generalmente, de la misma forma, es normal que el sexo se vuelva rutinario. Sin embargo, utilizando la imaginación y muy poco esfuerzo, podemos encontrar una serie de actividades excitantes y divertidos juegos, nada complicados ni muy caros, que demuestran que podemos ser fieles sin sufrir el sexo rutinario.

La emoción y el entusiasmo que tenemos cuando comenzamos una relación se pueden recuperar e incluso mejorar simplemente utilizando la imaginación. Podemos recurrir a las cosas divertidas y un poco locas que hacíamos al principio de la relación para estimular nuestro cerebro y que vuelva a segregar esas sustancias emocionales que hacían tan especiales esos primeros momentos. Si dejamos que nuestro cerebro se “relaje”, todas las hormonas y neurotransmisores (dopamina, norepinefrina, y sobre todo feniletilamina) que hacen que nuestro corazón esté alegre y que en nuestra mente sólo haya lugar para nuestra pareja, dejan de producirse.

Por eso, recordar los inicios es una de las formas más excitantes de darle un poco de diversión al sexo. Podemos recrear cómo fue nuestra primera cita para conseguir que vuelvan aquellas maravillosas sensaciones. Vestirnos del mismo modo, procurar encontrarnos en el mismo sitio, volver a tratar de conquistar al otro y mantener esa representación hasta llegar a la cama. Revivir aquellos momentos puede resultar muy estimulante para nuestro deseo sexual.

También puede ser un juego erótico muy excitante liberar al niño que llevamos dentro, recuperando la curiosidad y la espontaneidad infantiles. Intercambiar los recuerdos infantiles sobre el sexo y el amor con preguntas como ¿cómo fue la primera vez que te besaron? ¿Cómo te explicaron el sexo? o ¿Has practicado juegos sexuales? puede tener un gran efecto sobre nuestra libido.

Otra sugerencia es la de hacer el amor en la cocina. Comenzar la tarde en esa parte de la casa preparando un menú casero y, a la vez que la comida se vaya calentado, notar como nuestra temperatura va subiendo poco a poco. Ir probando nuestros diferentes sabores mientras condimentamos la cena para acabar con uno de los postres más dulces.