Beso francés

Un beso francés, cuando es bien dado, puede llegar a derretir por completo a una mujer. En ocasiones puede que incluso más que el sexo. El caso es que los besos pueden llegar a conducir a una mayor intiemidad tanto emocional como física entre los amantes. Aprender a dominar todos lo secretos del beso francés siempre es una buena idea. Sobre todo si se quiere que una mujer caiga rendida a tus pies.

Dar un buen beso francés siempre es mucho más fácil cuando uno se siente relajado y cómodo. Olvidarse de todo y no sentir ningún tipo de presión sobre si se está haciendo bien o mal es lo mejor que se puede hacer. Si no es así, ella va a detectar que eres una bola de nervios tan pronto como se toquen los labios. Debería bastar con relajarse y estar a gusto con tu pareja para que todo fluya. No está de más tomar algunas respiraciones profundas, para buscar la calma antes de empezar y, así, sólo tener que  prestar atención a lo que se está haciendo y, sobre todo, a lo que se siente.

Es preciso sujetar a nuestra compañera con suavidad pero con firmeza. Pues que te preguntes preguntarse, «¿cómo diablos hago yo para sujetar suavemente y con firmeza?» Sin embargo, para encontrar la forma de hacerlo, basta con mirarse por dentro y tomarse su tiempo. Un buen beso francés requiere de forma ineludible, de la pasión y firmeza que este tipo de agarre proporciona.

Hay que recordar, simple, que un beso francés no puede ser aló rápido ni brusco. Debes disfrutar con él y hacer disfrutar a tu pareja de forma lenta, tomándote tu tiempo y con toda la delicadeza que seas capaz de poner. Puedes pasar algún tiempo mirando sus ojos para establecer un contacto sentimental con ella. Puedes acariciarla lentamente.  Debes encontrar la forma de hacer que el beso francés sea una suave y dulce transición entre la tranquilidad y la pasión más explosiva. Una buena forma de hacerlo es seguir estas recomendaciones pero, sobre todo, adaptándolos a tu propia personalidad.