sexo

Todos sabemos que practicar sexo, aparte de ser una experiencia maravillosa, es una forma de perder peso, incluso recomendada por muchos médicos. Lo que no sabe tanto la gente es que existen métodos sexuales para quemar más calorías. Hay que tener en cuenta que esto depende de diferentes variables importantes, como el tiempo de la relación sexual, las posturas adoptadas al practicar sexo, los movimientos realizados y la intensidad de las experiencias sexuales.

Carmen Vijande, sexóloga española, muy conocida por su aparición en las pantallas de televisión ha defendido la “dieta del sexo”, un método revolucionario para adelgazar y pasar un rato de placer en vez de los aburridos ejercicios del gimnasio o las incomodas operaciones.

La experta sexóloga señala que, si llegas al orgasmo, eres capaz de eliminar hasta 127 calorías, 500 si practicas sexo en la ducha y, aproximadamente, 60 calorías si das un beso apasionado. Además, el cerebro, durante los momentos de placer, segrega una sustancia que sacia las ganas de comer.

La perdida de peso, según la sexóloga, depende mucho de la postura que se elija durante la penetración, por lo que no vendría nada mal hacer un repaso del Kamasutra. Según los defensores de la “dieta del sexo” existen dos ventajas: se puede practicar todo el tiempo que quieras, siempre y cuando el cuerpo aguante, además de ser un régimen idóneo para quemar calorías y un ejercicio perfecto para que trabaje todo el organismo.

Se consumen aproximadamente unas 150 calorías en una relación sexual de unos veinte minutos, un gasto calórico similar al que producen andar o subir y bajar escaleras. Para avalar esta idea de que el sexo adelgaza, sólo hay que citar a Richard Smith, “¿qué sentido tiene agotarse en el gimnasio si con sólo desabrochar un sujetador con las manos temblorosas se queman 67 calorías o muchas más si su dueña no colabora?”, pregunta irónicamente el escritor en sus libros en los que muestra cómo se puede perder peso mientras uno se prepara para el sexo, mantiene relaciones y posteriormente se recupera de ellas. Los médicos señalan que los movimientos pélvicos, la aceleración del pulso, la dilatación de los vasos sanguíneos de las zonas genitales erógenas, el aumento de la velocidad de respiración, las contracciones y espasmos musculares, y por supuesto el orgasmo, suponen un gasto de energía similar al de cualquier ejercicio físico.