sexo en el agua

El sexo en el agua supone una de las mayores fantasías sexuales en las parejas. Sin duda, una buena manera de salir de la monotonía de las habituales relaciones sexuales con nuestra pareja. Pero todo no es tan bonito como parece en las películas. Debemos tener cuidado cuando practicamos sexo en el agua y seguir algunos consejos para disfrutar de una forma saludable esta forma de encuentro sexual.

En épocas más frías nos limitamos a practicar sexo en la bañera o en la ducha pero, con la subida de las temperaturas, estas prácticas se extienden a las piscinas o al mar directamente. Practicar sexo en el agua está muy de moda en el verano, pero debemos conocer los problemas que se pueden producir.

Tener sexo en el agua supone un problema para el uso de anticonceptivos. En el caso de las mujeres que usan anticonceptivos orales o vaginales no hay ningún riesgo de embarazo pero, si usamos el preservativo, debemos saber que el látex se vuelve poroso cuando entra en contacto con el agua y puede llegar a perder toda su eficacia. Por eso, es recomendable realizar la penetración fuera del agua que, aunque pierda erotismo, siempre será mas seguro.

Cuando practicamos sexo en el agua debemos tener en cuenta que el cloro de las piscinas o la sal del mar pueden producirnos irritaciones. Esto sucede porque el agua hace desaparecer el flujo vaginal que aparece en la excitación femenina para facilitar la penetración, dificultando la fluidez del coito.

El sexo en el agua no aumenta el riesgo de enfermedades de transmisión sexual y sí el de infecciones bacterianas, ya que el mar y el agua de las piscinas promueven el crecimiento de gérmenes ya que es un medio contaminado de por sí. Por este motivo, existe un mayor riesgo que si se practicara sexo en un lugar habitual como la cama, por ejemplo.

El sexo en al agua siempre ha estado relacionado con las fantasías sexuales de las personas, ya que el agua envuelve una sensación de placer, nos hace sentirnos más ligeros y esto nos provoca más erostismo. También el verano provoca la subida de la testosterona, tanto en el hombre como en la mujer, provocando que aparezca este deseo.