bondaje

En las prácticas sexuales hay muy pocas cosas prohibidas a estas alturas de partido. Cada vez tenemos menos complejos y nos atrevemos a probar más y más cosas en la cama o en cualquier lugar donde podamos dar rienda a nuestra imaginación. Una de estas cosas nuevas que puedes practicar con tu pareja es el bondage, una práctica a tener muy en cuenta. El bondage consiste en inmovilizar al otro y que éste confíe totalmente en la pareja. Con esta acción simple será suficiente para excitar a ambos, el sumiso y el que lleva la inicaiativa. No es una cuestión de amor, sino de confianza y respeto del uno sobre el otro y viceversa. Son muchas las posibilidades y la intensidad de los juegos que se pueden llevar a cabo. Se puede comenzar por un nivel básico e ir aumentando la inmovilización si la pareja está de acuerdo.

Como en cualquier otra actividad sexual, lo importante en el bondage es que se llegue a un acuerdo sobre lo que está permitido y lo que no se puede hacer. Uno actúa como dominante sobre el otro que estará inmovilizado, así que la confianza debe ser total. Si no existe esta confianza es mejor no practicarlo.

Podemos comenzar por atar los brazos o, también, brazos y piernas. En función de los gustos, se pueden tapar los ojos e incluso utilizar el dolor para excitarse mutuamente. Si eres novato en el bondage, esto déjalo para más adelante. Los roles se pueden intercambiar en las siguientes sesiones.

Debemos tener en cuenta que, mientras practicas bondage, un miembro de la pareja puede estar muy excitado y el otro estar a disgusto y el primero no darse cuenta. También puede darse la ciscunstancia de que el sumiso no se pueda expresar libremente o que sus peticiones no se entiendan de forma perfecta.

Por ello, antes de empezar la sesión de bondage con los nudos, es necesario elegir una palabra clave. Esta nos permitirá parar la sesión cuando uno de los dos no se encuentre agusto con la situación. Debes elegir una palabra que no utilices normalmente cuando practicas sexo, para evitar confusiones.