sexo anal

Se ha creado un mito alrededor del sexo anal, alimentado por la homofobia y por las falsas creencias en torno a su práctica, que impide a muchos varones heterosexuales explorar su sexualidad anal a solas o con sus parejas. De la misma manera que el sexo anal mal hecho alimenta el mito de que puede producir dolor y sirve de excusa perfecta a muchas personas para no intentarlo.

Se escucha en muchos sex shops la misma historia pero con diferentes varientes: estoy deseando que aparezca la persona que lo merezca, lo haré, pero sólo para que deje de insistirme, se lo regalaré si se casa conmigo, sé que me dolerá, pero lo haré por él. Personas que es están iniciando o nerviosos y presionados por sus amantes que acceden a practicar sexo anal por primera vez.

La aparición en esta sociedad de la mujer que disfruta del sexo anal, la curiosidad que le produce y las ganas por iniciarse, interesada en descubrir nuevas técnicas y juguetes, la que pide consoladores abiertamente en las tiendas de juguetes sexuales, la que lo disfruta incluso más que la penetración vaginal, es un fenómeno de reciente creación, que por lo que se ve no ha sido lo suficientemente publicitado y que debemos dar voz para que todo el mundo lo conozca.

Curiosamente, quienes sí están ganando cada vez más visibilidad desde hace varios años son las mujeres que practican el «Bend Over Boyfriend» o «Pegging». Llegan a las boutiques eróticas sonrientes y decididas a adquirir un arnés y un dildo para usarlo con su pareja. En este tipo de parejas ni ella se siente violentada por practicar sexo anal «contra» su marido, utilizando un pene de quita y pon, ni él se siente vulnerable por querer ser penetrado con un dildo. Al fin y al cabo, en la misma cama está la mujer que desea y que es complice de sus fantasías.

El intercambio de roles implica un traspaso de poder y una auténtica bomba de excitación. Debemos ver el sexo anal como una práctica sexual más, una práctica que te alegre el día y utilizarlo para volvernos mejores amantes.