bolas chinas

Las bolas chinas, también llamadas bolas de geisha o Ben Wa, no tienen su origen real en China, a pesar de su nombre, sino en Japón, aunque, realmente, no existen evidencias constatables. Son un mecanismo formado normalmente por dos bolas unidas por un cordón, en cuyo interior se encuentra otra bola más pequeña que choca contra las paredes de la bola que la contiene cuando la mujer camina o está en movimiento. Este choque produce una vibración que provoca una contracción involuntaria de los músculos que la rodean, aumentando el tono muscular, la circulación sanguínea y la lubricación vaginal. En eso se basa la eficacia de las bolas chinas, en su movimiento y en el choque.

Las mejores bolas chinas son las que mejor se adapten a tu cuerpo y a tus necesidades. Debemos tener en cuenta varias características para tomar la decisión. La medida normal es de 35 mm, aunque las podemos encontrar mayores y menores. Lo ideal es que se mantengan colocadas perfectamente y que su vibración se transmita a las paredes de la vagina, con lo que podrías empezar con un tamaño normal y un peso menor.

Si usas bolas chinas con demasiado peso se saldrán con mayor facilidad y sólo conseguirás sentirte frustrada y abandonarás el tratamiento. En definitiva, la eficacia no basa en el peso. Lo que sí parece intresante es que puedas ir combinando y adaptándote a la mejor retención que, progresivamente, va a experimentar tu suelo pélvico. El mercado te ofrece varias marcas desde 28 g. hasta 100 g.

Al ser para un uso tan íntimo, debemos tener cuidado con los materiales con los que se fabrican las bolas chinas. La silicona o el ABS/PC de grado médico, especialmente por su carácter hipoalergénico, están ganando terreno y suponen una gran garantía. Evita materiales porosos y el plástico. Debes prestar mucha atención al cordón y evita que sea de hilo, por la misma razón. Infórmate de que no estén fabricadas con materiales tóxicos o irritativos.

Debes tener en cuenta que las bolas chinas se usan en la vagina, por lo que es fundamental tener una estricta higiene antes y después de cada uso. Normalmente con agua tibia y un jabón neutro es suficiente. No utilices alcohol o acetona. Consérvalas en una bolsa de tela para evitar que cojan humedad, polvo y cualquier tipo de suciedad.