zonas erógenas

Es posible que pienses que el tacto es una manera de activar o potenciar las zonas erógenas femeninas, pero hay muchos más e, incluso, según la mujer, mejores. Por norma general, además de utilizar las manos, suelen funcionar muy bien los labios para realizar caricias, la respiración contra el cuerpo de tu chica o, incluso, algún elemento externo como una venda tapando los ojos para potenciar los demás sentidos. Existen varias cosas que hay que conocer de las zonas erógenas.

En principio las zonas erógenas son parecidas para todas las personas, pero cada una tiene sus propias preferencias, como es natural. Para conocer estas “debilidades” el truco es muy sencillo, pregunta a tu pareja qué partes de su cuerpo son más delicadas al erotismo. Si te de vergüenza, te recomendamos que comiences con besos y caricias por todo su cuerpo y observes lentamente las reacciones de tu chica.

Las zonas erógenas se desarrollan de dos maneras, una manera innata y otra que se van sensibilizando con el tiempo desde los primeros años de la niñez. Hay estudios que revelan que el contacto físico de la madre en los primeros años influye en la percepción sensorial. Esto es, que si un bebé no ha tenido caricias funcionales de cariño no guardará ningún recuerdo agradable en la piel y tendrá menos confianza en si mismo y lo mismo a la inversa. Según los estudios, las niñas reciben más caricias de bebé que los niños, lo que explica que las mujeres tengan más zonas erógenas que los hombres.

Las zonas erógenas no siempre suscitan placer en la chica. Todo depende del grado de concentración de la persona en los preliminares. Si está relajada y preparada para recibir la atención de la pareja, estas zonas erógenas al ser acariciadas provocarán mucho placer y excitación.

Para disfrutar de las zonas erógenas, solamente necesitamos una cosa, ganas. Puedes hacerlo tú misma a través de la masturbación femenina o, también, probar algunos juguetes sexuales que pueden ayudarte a llegar a unos niveles de placer de los que ni siquiera eras consciente hasta ahora.

Las zonas erógenas, al ser tan sensibles, nos pueden dar placer o provocar sensaciones desagradables. Por eso es recomendable evitar continuar con tocamientos, caricias o besos en zonas primarias después del orgasmo.