piercings genitales

Vamos a recordar un poco la historia de los piercings genitales. La historia del Príncipe Alberto es la más popular. Según la leyenda que circula, este piercing vendría del marido de la reina Victoria. El Príncipe Alberto llevaba una aro en el extremo del pene para mantener el miembro de lado unido al muslo con un gancho cosido a los pantalones. Esto se debía a que la moda de la época era llevar pantalones ajustados, combinados con una rendija abierta. Los piercings genitales en el frenillo fueron destinados a los monjes para, de esta manera, prohibirles totalmente las prácticas sexuales, colocándoles un candado en la base del glande. Lo mismo ocurría con el Foreskin, que se les practicaba a los romanos esclavos para obligarlos a la castidad.

Respecto a los piercings genitales femeninos, los de los labios menores también encuentran el origen en los romanos, que perforaban a sus esclavas para evitar que mantuvieran relaciones sexuales con nadie. Se unían entre sí los dos labios perforados. En estos momentos, se atribuyen los piercings genitales femeninos a las prácticas sadomasoquistas.

La utilización de piercings genitales se suele dar por razones estéticas, para las mujeres, aunque, por ejemplo, perforarse el capuchón del clítoris, a menudo, deriva de una búsqueda de nuevas sensaciones. Igual que el Dydoe para el hombre que, colocado sobre una zona erógena, aumenta el placer en ambos. Según alguna fuente el libro del Kama Sutra hace referencia a este tipo de joya.

Los piercings genitales femeninos aparecen en algunas mujeres como una afirmación de la identidad personal, utilizando su cuerpo como un lugar de expresión de sí misma.

El dolor al colocarse los piercings genitales depende de la zona. Según los profesionales, el Príncipe Alberto es el menos doloroso y su cicatrización es rápida, mientras que el Dydoe es el más doloroso. Tenemos que tener en cuenta que hablamos de una modificación de nuestro cuerpo y no hay que tomársela a la ligera. El piercing en el clítoris se practica muy poco, ya que puede provocar una pérdida de sensibilidad si no se realiza de manera correcta.

Si te gustan los piercings genitales y quieres hacerte uno, acude a un profesional de verdad. Revisa las condiciones del establecimiento y comprueba que usa guantes y material de un solo uso. Debes ser precavido.