preliminares

Una velada romántica, una cena a la luz de unas velas, con una suave música de fondo, una par de copas de vino. De la misma forma que planeas una velada ideal con tu pareja, valorando hasta el último detalle para que todo salga perfecto, el cuerpo también debe prepararse para mantener relaciones sexuales totalmente placenteras, aquí es donde aparecen ellos, los preliminares. Los preliminares son todas aquellas estimulaciones que realizamos antes de la penetración.

Unos buenos preliminares pueden ayudar a la mujer a lubricar mejor, son una excusa maravillosa para unir ternura y pasión. Si se realizan de la manera adecuada, no sólo recibirás beneficios físicos, sino que irás aumentando la confianza con tu pareja. Los besos interminables, las caricias íntimas, la masturbación o los juegos eróticos… únicamente tienes que dejar volar tu imaginación. Quizás sea el momento de que las fantasías sexuales de tu chico, y también las tuyas, se hagan realidad.

La mejor manera de ir a la cama es con una buena sesión de besos. Los besos pueden ser los mejores preliminares, tiernos o sensuales, como tú quieras. Comienza con tímidos besos en los labios y baja por el cuello, los lóbulos de las orejas y después déjate llevar.

Si conoces a tu pareja, conocerás perfectamente cuáles son las zonas más erógenas de su cuerpo, de la misma forma que ella conocerá los puntos más calientes de tu anatomía. Aunque la excitación no es igual para todas las personas, sí que existen zonas muy sensibles a las caricias y los roces debido a la gran cantidad de terminaciones nerviosas que tenemos. Las orejas, la nuca, los pezones o, evidentemente, las zonas genitales de ambos. Los preliminares más efectivos actúan sobre estas partes del cuerpo para llevarnos al orgasmo en nuestras prácticas sexuales.

No olvides nunca que un beso no sólo se da con los labios, utiliza la lengua, los dientes para forzar diferentes reacciones en tu pareja. Cuando estés concentrado en los preliminares piensa en el cuerpo de tu pareja como un mapa del tesoro en el que el camino se marca con un millón de besos.