tabu

Es el último tabú de la sexualidad femenina. Una práctica que a la mayoría de las mujeres les cuesta reconocer. A pesar de ello, casi todas la practican. Las masturbación femenina es una de las pocas prácticas sexuales sobre las que aún pesa un enorme tabú.

Los datos de las encuestas son, como en todo asunto rodeado por el oscurantismo, poco fiables. Ya en los años 50 el famoso estudio sobre comportamientos sexuales del doctor Alfred Kinsey llegó a la conclusión de que el 62% de las mujeres se habían masturbado alguna vez en la vida. Y dado el tiempo que ha pasado desde entonces, lo más lógico es pensar que hoy la cifre sea muy superior. Es cierto que cada vez es más habitual que las mujeres compartan su opinión sobre todo tipo de juguetes sexuales. El fin único no es otro que el del onanismo, pero muy pocas hablan del acto en sí. Algo que contrasta con lo extendida, aceptada y visible que resulta la masturbación masculina. Sobre ésta los hombres hablan sin ningún tabú delante de casi todo tipo de audiencias.

La masturbación femenina ni siquiera tiene un espacio en el lenguaje coloquial. Basta ver cuántas formas hay de referirse a la masturbación masculina y cuántas  a la femenina. No es que la masturbación femenina no esté presente, pero aparece en las conversaciones de tapadillo. No es que la masturbación no tenga sitio en la educación sexual, ni en los medios. el problema es que no se habla de ello abiertamente. Y cuando se hace la conversación es muy poco explícita. La discusión se centra en los juguetes sexuales y en mensajes sobre el rendimiento y las aspiraciones para mejorar la vida sexual. No se habla de cómo masturbarse. La masturbación ocurre, pero al hablar de ella lo hacemos con un lenguaje muy limitado. Lo que produce que aunque no sea un tema tabú, sea algo bastante difícil de hablar.

El tabú en torno a la masturbación femenina es un fenómeno que viene de lejos. Es el último escollo de la represión histórica de la sexualidad femenina. La represión de la masturbación femenina no es sólo una cuestión cultural. También tiene consecuencias en el desarrollo de la sexualidad femenina.

Lo bueno de los tabúes es que, en cuanto se empieza a hablar de ellos dejan de ser tabú.